La mujer, el descanso del Guerrero

En algún punto de la humanidad entenderemos que aquello que negamos del otro, lo negamos de nosotros mismos, durante muchas vidas tanto hombres como mujeres hemos sufrido opresiones, aún cuando ambos hemos ido intercambiando papeles a lo largo de la eternidad seguimos sin conciliar ambas energías. Nos guste más a memos reconocer, las mujeres son las transmisoras de sabiduría, ellas son las guardianas de los conocimientos ancestrales y por ende ese conocimiento también le pertenece al hombre, negar una parte de nosotros es perder ese conocimiento en nuestras profundidades, y dado que vivimos una vida más centrados en el cuerpo nos hemos distanciado de nuestra alma, la guardiana.

Es de vital importancia restablecer la conexión de nuestro cuerpo, corazón y mente, sino queremos seguir viviendo mutilados y cada vez más lejos el uno del otro, honrando eso sí, nuestra sabiduría ancestral, pero sanando las cargas de historias dolorosas de nuestro clan que no nos pertenecen. Ambos hombre y mujer necesitamos tratarnos con amor y ternura, pues ambos portamos heridas y para ello debemos priorizar nuestro autocuidado..

Llega el tiempo de enterrar el hacha de guerra, quizás haya cicatrices de batalla que siempre llevaremos, pero debemos entender de una vez por todas que el daño que hacemos a los otros nos lo hacemos a nosotros mismos, ambos tenemos la responsabilidad de rescatar el bello ser que habita dentro de nosotros. Hay un lugar de restauración, un lugar donde se encuentran el alma y el cuerpo, donde las fuerzas vitales, la fuerza primordial es regenerada. Para llegar a ese lugar hay que despojarse de las armaduras, de las máscaras, del falso yo, de la necesidad de control, de poseer, de conquistar, ese lugar es una cueva que recibe por nombre útero y desde ahí es que podemos rendirnos y renacer a una conexión espiritual, no meramente carnal.

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